La sidra es un producto alcohólico de muy bajo grado, se trata de zumo de fruta (en esta ocasión pera) fermentado. No más de 3º alcanzan las buenas elaboraciones como esta, pero se disfrutan de lo lindo por su contenido frutal y varietal.
Poiré Granit es una elaboración realmente milimetrada, con un sentimiento por parte del hacedor, Eric Bordelet (web), hacia su tierra y sus productos que es digna de loar.
Hay que saber que un buen peral tarda muchos, pero muchos años en dar una fruta en consonancia, con calidad para satisfacer a nuestro maestro sidrero. Según palabras suyas, estos árboles necesitan 100 años para crecer, 100 para producir y 100 para morir…así pues, con esa materia prima no es de extrañar la gran calidad de este zumo fermentado.
Un suelo 100% granítico donde los árboles sufren y crean un fruto pequeño y concentrado, con más de veinte variedades de pequeñas peras diferentes (fausset, certeau, belle verge, connerie, etc, etc.…), confieren a esta sidra un gusto salvaje, expresivo y curiosamente realzado.

Tan lejos llega la fama y calidad de la susodicha, que se llega a decir que cuando se elabora con esmero puede llegar a tener algo de la magia de un buen riesling alemán.
Nota de cata:
Magnífico color amarillo dorado, similar a la cerveza. Burbuja natural muy fina y lenta que recorre un fluido de aspecto denso.Nariz muy varietal, con protagonismo (lógicamente) de aromas de pera de San Juan y de Puigcerdà (por dar nombres corrientes para nuestro espectro de variedades). Aromas de carburo húmedo y azufre se entremezclan con pinceladas de miel fresca del año.
La primera sensación en boca es de zumo de pera dulce pero con tacto espeso, pero, con el fino carbónico y el toque cremoso cambia drásticamente hacia un final de boca sumamente ácido y profundo, donde las notas de fruta madura llegan a borbotones después de tragar.
Marcadas notas de cáscara de cítrico en retro y una persistencia muy larga. Perdura una sensación de piel de gajo de mandarina madura y un fondo de madera vieja.

Si la malvasía es original, no lo es menos el Can Sais selecció, vino de guarda a base de ull de llebre, samsó, merlot y garnatxa negra. En mi caso es una botella de la añada 2003 en la que no figuraba la denominación Empordà Costa Brava y rezaba únicamente en la etiqueta Massís de les Gavarres. La sensación fue de lo más placentera, aterciopelado, taninos pulidos e integrados y una acidez que le auguran una larga guarda. El final sobresaliente con sabor a higos en flor y paja recién cortada; ahí juega la samsó.


